India: plan I, reformas y el amigo americano

Abre sus bancos y empresas públicas al capital extranjero
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Nuestra estrategia de los últimos dos años se ha basado en centrarnos en mercados desarrollados. La infraponderación de mercados emergentes fue objeto de amplia crítica, pero ahí están el SP 500 en máximos históricos -que fue al que dimos más peso inicialmente- y vean ahora Europa, que tomó el relevo en cuanto a zona geográfica con mayor peso en nuestras carteras y que, si los políticos no lo impiden, podría alcanzar este año sus máximos históricos. De hecho Alemania, uno de nuestros mercados preferidos, ya lo hizo en agosto del año pasado.

El grueso de la crítica se basaba en que no “diversificábamos”. Vamos, que había que tener emergentes aunque el principal comprador de materias primas (China) estuviera reduciendo su crecimiento a la mitad, a Rusia le crecieran los enanos y decidiera volver a la guerra fría o Brasil se encontrara en una difícil situación política y económica.

Pero yo estoy con Warren Buffett, que dice algo así como que la diversificación indiscriminada es una excusa ante la falta de criterio. Hay que diversificar, pero con fundamento. No se pueden poner todos los huevos en la misma cesta, pero los huevos hay que ponerlos en las cestas adecuadas, es decir, en aquellas en las que se tenga un alto grado de convicción sobre sus posibilidades de revalorización. Ya es difícil acertar como para encima invertir donde no lo ves claro porque lo dicen los libros.

Que realmente no lo dicen, sino que dan por hecho el sentido común del lector, porque, aunque parezca mentira, muchos profesionales compran de todo y, así, como cuando baja un activo sube otro, reducen el riesgo y la volatilidad. El problema es que así no ganas dinero. Acabas en suma cero, o dicho técnicamente, ni chicha ni limoná.

No ser maximalista

Si algún día me propusieran escribir un libro sobre consejos para inversores, además del de “diversifique, pero con fundamento”, les recomendaría que no sean maximalistas. Y que analicen las cosas con detalle. Hace tiempo hicimos ese ejercicio y resultaba que la “I” de India era el verso suelto de los BRIC. Su economía no dependía de la exportación de materias primas.

Es más: se beneficiaba enormemente de la caída del precio de las mismas. Y no digamos del petróleo. Encima, por primera vez en la historia, un Gobierno ganaba con mayoría absoluta. Y resulta que era reformista. Manos libres para iniciar las reformas que necesita India para entrar en el camino de la modernización y la competitividad económica. Así que entramos. Y nos fue muy bien.

Y vamos a seguir. Porque siguen las buenas noticias. El país abre el capital de sus bancos y de algunas empresas públicas a inversores extranjeros (algo revolucionario en India). En paralelo, lanza un plan de inversión pública en infraestructuras que no es como el famoso Plan E español. En India se hace porque realmente hacen falta infraestructuras, no para cubrir/enmascarar una caída del modelo de negocio tipo Monopoly que ha sido el modelo español de los últimos 15 años (el de ahora se llama IRPF).

Además, India se lo puede permitir: su déficit público no sólo es menor que el español. Es que, si nuestro Estado es elefantiásico y plagado de duplicidades, imagínense el suyo. En otras palabras: tienen incluso más chicha que nosotros para aligerar peso. Y es lo que han hecho en su recientemente aprobado presupuesto: compensar incremento de gasto con eliminación de michelines e inicio de una reforma fiscal que vaya haciendo que las grandes fortunas vayan pagando algo y aquello no sea como Grecia. El potencial de recaudación es grande, porque allí no paga ni el tato.

Contrapeso a China

Finalmente, pero no menos importante, EEUU ha encontrado en India un posible contrapeso a la hegemonía China en la zona. No hay otro país tan grande ni con tanto potencial de crecimiento. La necesidad de Obama de equilibrar la balanza política y económica puede ser muy positiva para el país.

Y no está cara. Aunque su bolsa haya subido mucho. Primero, porque los conceptos caro y barato son relativos. Tienen mucho que ver con las expectativas de negocio, o, en este caso, de crecimiento. Y si comparamos los ratios actuales de valoración con los de otros países, emergentes incluidos, no lo está en absoluto: el retorno sobre recursos propios de las empresas cotizadas es del 16% y el beneficio por acción del 6% (con previsión de crecimiento anual del 15%).

El crecimiento del PIB de 2014 acaba de ser revisado al alza hasta un 6,4% (desde algo más del 4% previamente estimado) y la inflación, con estos precios de petróleo y materias primas, ni está, ni se la espera.

Fuente: VÍCTOR ALVARGONZALEZ India: plan I, reformas y el amigo americano – elEconomista.es

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