La máquina de escribir se niega a desaparecer en India

Fuente: elespectador.com

En este país asiático aún se usan para rellenar documentos oficiales.635715176471459569w

Quizá el personaje más emblemático del uso de la máquina de escribir en Colombia fue Gabriel García Márquez, compañera fiel de este escritor en su paso por el periodismo y cómplice de las grandes obras literarias como cien años de soledad. En los tiempos actuales esta herramienta ha sido desplazada por la era digital con computadores cada vez más sofisticados y enviando a estas pesadas reliquias al rincón más apartado de las casas o exhibidas en algún escaparate.

Pero en países como la India se resisten a desaparecer y lejos de ser un recuerdo el sonido de sus teclas y el timbre del cambio de línea desafían en algunos sectores el imperio de los computadores.

Un crónica de Luis Ángel Reglero de la agencia EFE reseña una fila de estas máquinas trabajando en plena calle que forma parte de la vida diaria del país asiático, aunque hayan perdido el romanticismo de los tiempos en que se tecleaban cartas de amor y su uso ahora resiste el paso del tiempo gracias sobre todo a los documentos oficiales.

“Las seguimos utilizando porque trabajamos en la calle, donde no hay electricidad, además de que son muy pequeñas y fáciles de llevar. Si tuviéramos un ordenador, no podríamos enchufarlo ni llevarlo así de un sitio a otro”, aseguró el copista Bhupendra Kumar, frente a un edificio oficial en Nueva Delhi.

La entrada del Registro de la Propiedad en la zona de Asaf Ali de la capital india está flanqueada por dos filas paralelas de Olivetti, Remington, Olympia o Godrej & Boyce, “que no van a desaparecer al menos hasta dentro de diez o quince años”, dice Kumar, que lleva casi una década en el oficio de teclear.

La última fábrica de la Godrej & Boyce cerró hace cuatro años en Bombay, en el oeste de la India, pero “aunque ya no se fabriquen, todavía hay disponibilidad de piezas y mecánicos”, comenta Kumar sentado frente a su vieja máquina.

“Puede ser que desaparezcan, porque ya no se pueden comprar nuevas”, advierte su compañera de oficio Sushila Nirmal, veterana en la profesión con sus 58 años, quien recuerda que lleva pulsando las teclas la mitad de su vida, desde antes de que empezaran a extenderse las computadoras a partir de la década de 1980.

Hasta que llegue ese día, “los ordenadores pueden estar en la oficina, pero no en la calle, donde no hay electricidad”, relata.

Aunque ya no es el negocio de antaño, las 500 rupias que saca al día, apenas 8 dólares, tecleando fríos documentos sobre alquileres de pisos le da para sobrevivir.

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